"Quien no conoce su historia,es como el árbol que escarba sus raíces."Provervio.
El conocimiento de sí mismo es un asunto de vital importancia cuando se trata de saber cuales son las fortalezas y las deficiencias con las que se cuenta para el afrontamiento de cualquier proyecto o cual es la propia capacidad de sortear dificultades y de asumir serena y confiadamente los asuntos, que de este modo es posible abordar como desafíos.
Esto que podemos constatar en el ser humano a nivel individual, podemos extrapolarlo al nivel social, el de las culturas en cuanto organismos constituidas por individuos, y no es difícil darse cuenta que el conocimiento de sí mismo como colectivo, es decir, la identidad, es una cuestión de primer orden como elemento que posiciona a los pueblos con mayor o menor efectividad y firmeza en el enseñoreamiento de su destino.
Es así que en la cuestión de las identidades, la situación actual de la cultura latinoamericana ha sido el corolario de un proceso sucesivo de acontecimientos traumáticos que han trastocado la trayectoria, como asimismo la identidad, que los pueblos que la constituyen hubiesen mantenido de un modo natural de no haber topado con procesos de interferencia.
Con justa razón habrá autores que nos señalen que de esas intervenciones se constituye la sustancia misma de los acontecimientos históricos y que por lo tanto no da a lugar una actitud reivindicativa ni de asignación de autorías morales, culpas o reparación de daños.
Sin embargo, ello no es un argumento suficiente para desmentir la realidad de que, producto de estos procesos históricos y sociales, como la colonización militar, primero, económica, después, y finalmente cultural; tenemos en Latinoamérica graves problemas no asumidos respecto a la identidad, lo que significa una disposición inconciente para estar a merced de manipulaciones en beneficio de intereses terceros y en detrimento propio.