Esta es una crónica escrita por
Pablo Paredes. La razón para publicarla en esta columna es que no hay razón de peso para hacerlo.
Porque se habla de lo que sucede a nivel ambiental (en lo superficial de la crónica) con la población animal en las calles de la ciudad de México, y porque (en el entre líneas) se hace un muestrario del residuo humano en Chile y dicho país.
No sé ustedes pero a mi me sigue pareciendo que la relación hombre-perro es tan estrecha que es difícil hallar diferencias conductuales... es más, si se les mira atentamente a ambas especies, hay bien pocas diferencias... sabiendo que tales quiltros adoptan la personalidad de sus amos en última instancia.
Que reflexione el que tenga perros y vea como adquieren incluso la personalidad familiar, entonces ¿cómo no han de adquirir los quiltros chilenos la personalidad o comportamiento de la sociedad humana en la que está insertos por ejemplo? Bien llamados todos perros. Opiniones transeúntes nada más.
Ah! y también por su alusión al real matriarcado latinoamericano, ese que los europeos no conocen porque no lo han tenido jamás, pero nosotras sabemos que la historia de latinoamérica es uterina, externa y afuera. Por algo existe aquello que llamamos clítoris, no sé si lo conocen: esa pequeña perla de placeres deliciosos que se encuentra completamente fuera del aparato reproductor femenino y que sólo existe para generar placer, fe de que no sólo somos ese receptáculo o aparato reproductor, a diferencia de los que poseen pene. Por ende cualquier seudo-teoría que pretenda hablar de género y comience por el enunciado de 'mujer pasiva y hombre activo', de 'mujer adentro y hombre afuera' es inválida para nosotras. Esto podría quedar claro con el siguiente ejemplo de jerga vulgar: Cuando comemos plátano ¿decimos que el plátano penetra la boca o que el plátano es devorado? claramente decimos: comemos plátano, de este modo la vagina no es penetrada sino que ella devora el pene. Ahora ¿quién es el pasivo?. Todo depende del punto de vista con el que se mire un hecho. Por ello, definir lo que sea una mujer y su rol en sociedad compete más que a nadie a la misma mujer. Sólo nosotras somos capaces de decir que sea una mujer, que sea ser mujer y cual es nuestro rol en sociedad y si realmente es efectivo eso del dominio masculino, porque cuando yo miro a las familias chilenas y veo que el marido le entrega su sueldo a su mujer no sé de donde sacan 'que el dominio masculino' y tanta palabrería. Cuando veo que una mujer llega cansada del trabajo al igual que un hombre y este se sienta a esperar que su esposa le sirva no sé de donde sacan eso del respeto a lo masculino, eso de la obediencia, eso de la sumisión. Sólo veo a un holgazán que ni miradas se merece. Todo depende del punto de vista con que se mire un hecho.