miércoles 3 de noviembre de 2010

Hoy en Arte Activo: Sobre Diógenes de Sínope, el primer filósofo performático.


No concibo la obra como separada de la vida.
No amo la creación separada. No concibo tampoco el espíritu separado de sí mismo.
Cada una de mis obras, cada uno de los planes de mí mismo, cada una de las floraciones de mi vida interior hecha su baba sobre mí.

Antonin Artaud.

Palabras claves:

Biopolítica, existencialismo, lenguaje, performance, sociedad, cultura, modelo, calle, quinismo.





Expresión y situación.



Se asoleaba Diógenes, una vez en el Cranio[1] y Alejandro magno se para delante de él diciéndole: ‘Diógenes, pídeme lo que quieras’ y él respondió: ‘Apártate, que me tapas el sol’.

Enfrentados aquí, en esta breve anécdota observamos la autarquía de un cuerpo vivido como tal: resistencia, negación ante lo que pretende disolverlo en una totalidad: -en este caso- el grupo de complacidos por Alejandro. Aquí se enfrentó Diógenes con insolencia ante la imagen pública, ante la representación de un poder que no se haya en el cuerpo del soberano, como vimos en los capítulos precedentes, pero que por mucho tiempo se estimó como tal, transformándose en signo, sin serlo. Se enfrentó Diógenes con ironía, exigiendo lo que no es pertenencia de ningún ser humano (aún) sino garantía de la naturaleza: La luz solar.

¿Qué más le hacía falta al discípulo de Aristóteles? ¿Dominar la más presente y grotesca de las rebeldías? ¿Tentar para callar al maestro de coro, que enseña dando la nota más alta? Alejandro supo a quién tuvo en frente: al maestro Diógenes, discípulo de Sócrates. 100 Diógenes hubieran bastado para provocar la rebeldía colectiva, pero sólo era uno y ya se veía en él el poder que pregonaba sobre los hombres.



De aquí se desprende una consecuencia oculta entre líneas: ‘Si me pides, me debes’. Sí Diógenes hubiera pedido un elemento semejante a todo aquello que pertenecía a Alejandro: útiles, dinero, esclavos, gobernados, hubiera debido pagar algo de semejante valor, en presencia. Sabemos que el bien único del errante Diógenes, aquello de lo cual no se desprendía nunca para caminar por doquier, era su cuerpo. Ni su morral, ni su tonel ni las vasijas que desechó por poder comer con las manos eras tan propias de sí mismo como su cuerpo, como el gobierno sobre sí mismo. Eran aquellas trazas de materia, simples accesorios, reemplazables por partes de su propio cuerpo, siendo este lo más valioso para él. Hubiera tenido, Diógenes que devolver su cuerpo, su vida, su libertad.

Así que Sócrates enloquecido, como le llamaba Platón, él insurrecto, le ordena a Μέγας Αλέξανδρος que se aparte de la luz solar, porque su cuerpo le hacía sombra - y no la sombra que agrada al hombre cansado de labrar la tierra, sino la sombra que intenta opacar al real soberano- interviniendo con esta orden en el dominio de las acciones posibles del soberano, ejerciendo poder sobre su cuerpo, invirtiendo la escena: el seudo dios que ordena sumisión vanagloriándose de su poder de dar lo que le sea pedido, ahora debe obedecer una orden, sin dar lo que se le pide pues no le pertenece, sino que apartándose, haciéndose a un lado del que gobierna sobre sí.

Transgrediendo el orden supuesto, el filósofo que vivía su palabra encarnada, invirtió el orden común de los acontecimientos, ya que cualquier mendigo habría aceptado riquezas de cualquier índole sometiéndose al poder del poseedor de bienes, ya que si pido es porque me veo incapaz de conseguir lo que pido por mi cuenta y en la petición me someto a quién tiene el poder de darme lo que requiero, más Diógenes se enriquecía de la naturaleza, gratuita y mancomunada, buscaba sus alimentos en los escondrijos, sobrevivía por sus propios medios, independiente y por ello no le hacía falta ningún bien que otro pudiera darle, ya que se satisfacía con los que se daba el mismo, incluso en el placer sexual, cuando se masturbaba en la plaza pública.

Su vida es una nueva forma de argumentar estrechamente ligada a la animalidad. El filósofo quínico aquí es un vagabundo filosofante que vive lo que dice y dice lo que vive, llamando así a la vida a las doctrinas intelectuales, vida descompuesta del pensar en la modernidad también. Así Diógenes se convierte en la pantomímica grotesca de la época, encarnando una doctrina y convirtiéndose en su medio


“Tras la causticidad de Diógenes y su intención de provocar, percibimos una actitud filosófica seria, tal como puede haber sido la de Sócrates. Si se dedicó a hacer caer una tras otra las máscaras de la vida civilizada y a oponer a la hipocresía en boga las costumbres del perro, ello se debe a que Diógenes creía que podía poner a los hombres un camino que los condujera a la felicidad”[2]

Camino escrito con el lenguaje mímico del cuerpo y escasez de la palabra, marcando el idioma natural de un cuerpo que expresa saciedad o enfermedad defecando, malestar estomacal o desagrado vomitando, satisfacción sexual eyaculando, pena o alegría llorando, nutrición dando de mamar, etc. Aquellas expresiones, comunes a todos, del lenguaje del cuerpo natural, las cuales para cualquiera son parte del cotidiano de su propio cuerpo, reprimidas para no ser manifiestos en público, son los elementos de base de una parábola de la boca imposible (imposible por sus limitados alcances en el espectáculo vivo) que se hace efectiva en la parábola del cuerpo, en la necesidad de mostrarse individual y no sometido bajo los parámetros del comportamiento domeñado o criticándolos en la inversión exagerada de la escena dependiendo de la orden etérea, reaccionado ante ella de la siguiente manera:



- ¡Guarda silencio!

- Se grita más fuerte

- ¡Cubre tu cuerpo!

- Se corre desnudo por la calle.



Y es la calle[3] el escenario pues pese a que se diga que el realce de la individualidad es lo que destaca al quinismo, apreciamos que por ser eventos públicos sus gritos corporales grotescos aluden también a la totalidad de los ciudadanos del rebaño de la polis, a la totalidad de receptores que conforme a sus niveles de reflexión o conciencia reaccionarán ante la subversivas reflexiones empíricas del quínico: ya sea con desagrado o contra argumentando.

En la plaza Diógenes considera a los ciudadanos como espectadores del vouyerismo pedagógico: se verá, oirá y tal vez comprenderá la filosofía práctica y vívida.


“La calle, la plaza pública, el exterior sirven de marco para las representaciones cínicas: el juego se pone en escena según los principios de la improvisación. Se despliega la peripecia, la historia se escribe en el momento y la representación no será objeto de ninguna repetición pues lo real no tiene copia[4]”.

En la calle se halla el escenario público, por ser parte del acceso cotidiano de los individuos, punto de reunión e interacción entre la diversidad de seres humanos. Siendo la escena de las performances de Diógenes, influye el contexto en la interpretación o revelación del sentido de estas, tornándose su discurso al modo de la contingencia y circunstancia efímera del momento, al modo en que se vive a diario sin generar elementos materiales que se perpetúen en el legado cultura: performance como la existencia humana, arrojada al mundo, mortal y en medio de otros individuos.



“Toda comunicación, sea lo que se llame movimiento expresivo, un gesto indicativo o el empleo de signos visuales acústicos, presupone ya un proceso exterior justamente en ese mundo ambiente común, que según Husserl, se constituye sólo a partir de la comunicación”[5]

Proceso exterior común en el que se inserta la comunicación de los individuos, ante el cual estos nuevos signos disidentes se presentan en un mundo ambiente compartido que ya está antes del comienzo de nuestro intercambio comunicativo, mundo cultural con un idioma determinado y maneras de significar establecidas a las cuales anclamos las nuevas si es que las nuevas no dislocan las ya presentes. Tenemos en palabras de Breton[6] que dentro de una misma comunidad social todas las manifestaciones corporales de un actor son virtualmente significantes para sus miembros al estar habitando el mismo espacio, sin pasar desapercibido, adquiriendo sentido para estos espectadores en relación con el conjunto de datos de la simbólica propia del grupo social; si volvemos al ejemplo de las performances de Diógenes, si él no ocupara signos comunes –ubicados dentro de la anormalidad de comportamiento del cuerpo civilizado- propios del cuerpo humano sería difícil comprender a cabalidad su filosofía vivida. Por ello, al modo de la parábola, se ocupan signos habituales para el individuo natural anclando a estos las nuevas directrices de sentido que se pretenden expresar vívidamente.

Tales acciones en el espacio público suponen un compromiso con el espectador, dado por el espacio mancomunado, al ser Diógenes el emisor de un mensaje en un lugar de tránsito compartido, además de ser la vivencia presente de un conflicto con lo real: combate singular con la existencia del mundo[7] sobre el cual inventa nuevas posibilidades de vida que contrarresten las que ofrece el hábito y la convención como norma del actuar, concordancia que presupone gestos de normalidad que son determinados según los otros. Normalidad que no admite al individuo como existencia pero que el cuerpo despierto presenta activamente en la prueba de su soberanía



“Cuando Diógenes orina y se masturba en la plaza pública, hace ambas cosas en una situación modelo, dado que lo hace públicamente. Publicar algo significa la unidad fáctica de mostrar y generalizar (En ello radica el sistema semántico del arte). De esta manera, el filósofo concede al pequeño hombre del mercado los mismos derechos a una existencia desvergonzada de lo corporal, que hace bien en oponerse a cualquier discriminación[8]”





Al hacer la expresión de su filosofía callejera permite explicar la vida misma, donde ella acontece: en el espacio público. Así, una actitud insurgente frente al soberano al ser realizada en un espacio de convivencia común podría no ser tan mala ya que fue realizada, siendo quién la hace un modelo. En ello radica la responsabilidad enorme que pone sobre nuestros hombros Sartre al develar las implicancias del actuar libre del ser humano, dónde cada acción mía compromete a la humanidad entera, pues no sólo me elijo a mí sino al modelo de ser humano que ha de ser imitado conforme a mis actos.

Se han ocupado en esta anécdota performática[9], en la que ha participado Alejandro Magno, elementos del mundo-escenario y una actitud holgazana -no sin dejar de ser activa- para mostrar que la resistencia del mundo (la resistencia a ceder) se resuelve con la misma resistencia: la del cuerpo que se vive. La situación de Diógenes se resistía a ser favorable pero haciéndose cargo de su responsabilidad frente a lo que en su vida acontece, practicando su filosofía de la sobrevivencia, del estar preparado ante cualquier circunstancia en posición de ataque, en un mundo que se muestra adverso para el individuo logra invertir la escena del dominador que intenta dominar. Manifestación estética de rebeldía, un mensaje del cuerpo, no explícito, de rechazo[10] al soberano y todo lo que venga de él.

La simplicidad de la actitud de Diógenes da cuenta de la realidad humana: trasgresión de las pretensiones de ordenamiento arraigadas en el cuerpo, trasgresión de imposición de sumisión, con burla y gesto no determinado, espontáneo conforme a la situación, dominada por el viviente. Moldeando la situación a su favor, tomando las riendas del acontecer, Diógenes sólo demuestra la libertad humana y la posibilidad de crear sobre el espacio en el que estamos situados[11] transformando en uno sólo palabra y gesto, ironía del actuar y del pensar. ¿Acaso no es suficientemente irónico un sabio recostado tomando el sol, mirando con altanería desde el suelo a las alturas, a un signo de autoridad supuesta y decirle que se haga a un lado?



En la inversión de escena, en la trasgresión de la normativa de respeto ante el soberano, el poder se muestra difuso y se esparce como el haz de la luz solar sobre todos los demás cuerpos, rompiendo el mito del soberano-encarnación del poder absoluto. El poder se difumina sobre la pluralidad de cuerpos, nos pertenece realmente y aquello es develado por Diógenes, cuerpo viviente que nos dice que somos los actores principales de la trama de nuestra existencia, un rol secundario sólo depende de la forma en que se intencione la situación. Actores principales, soberanos de nuestras vidas de la situación y el poder disuelto en nuestros cuerpos en la penetración e intervención de la política en lo corporal, más apreciable en los estudios biopolíticos, donde es posible comprender que si la política se hace cargo del cuerpo del individuo es porque su existencia es el protagonista de la trama político-social en la que se desenvuelve el hombre, teniendo como consecuencia la intervención de la escena a través de la intervención del cuerpo del sujeto, que hace escena, abre un mundo en su expresión estética, apartando el mito de la pasividad del individuo frente a los acontecimientos, el mito de la incapacidad de invertir la escena o transformarla.

Diógenes cambió la situación, se hizo cargo de su poder de acción actuando, mostrándose como protagonista de su situación, dando la nota alta como el maestro de coro en la intención de ser imitado, de hacer de su vida la parábola de la enseñanza de su pensamiento ético, mostrándonos que no existe prohibición sin trasgresión, trasgresión que no es violencia animal pues sólo es posible si existe la prohibición y ella es dada en lo social[12]. Es violencia de un ser humano susceptible de razón.

La función del cuerpo viviente- la existencia- es enfrentarse[13] a la resistencia del mundo siendo él también resistencia[14] al estar arrojado a ser-en-el-mundo, al ser negación. La resistencia ante el mundo por efecto del cuerpo que resiste es completamente un ejercicio físico y no una imagen mental, pues la resistencia plena está cuando el cuerpo expresa su punto de vista, es decir, cuando realiza el pensamiento, no como signo, sino como su única forma de expresión, de salir fuera como tal, resistencia, que como se dijo en el capítulo anterior a este, en palabras de Foucault, impele a crear nuevas formas de vida, de expresión, en respuesta a las formas ya existentes y no satisfactorias, resistencia como forma intensa de supervivencia política, aquella que rechaza la reducción del cuerpo a una mera máquina; recordemos que somos seres humanos: cuerpo y mente en confusión y no sólo un eunuco físico o un espíritu errante, por ello cada expresión de nuestro ser será una con nuestra existencia y ello queda a la luz desde la creación de nuestros proyectos de vida, desde que se exige estudiar al individuo como un ser en circunstancia, como intencionando el mundo para vivir[15] y desde que la política reconoce aquella existencia corpórea y haya en ella objeto de dominación.

¿Por qué hablo de expresión? Se debe a que me refiero al lenguaje del cuerpo, el cual es un idioma que sólo es comprensible de fuera hacia dentro y realizable en escena. El cuerpo no comunica en su plano subjetivo a otro que no sea el mismo, pues la comunicación efectiva es externa, sólo se realiza conforme despliega sus distancias, se mueve en el espacio en el cual se desplaza e interactúa con otros, los receptores o también emisores posibles.

El espacio en el cual se desplaza este cuerpo, espacio que opone resistencia (hablamos de la resistencia propia del mundo: ser lo que yo no soy, estar ante mí y no en mí) debe proporcionar las condiciones para que se desenvuelva la intersubjetividad, para el intercambio de ideas y para que la comunicación sea efectiva: un espacio de publicidad, donde lo público tenga cabida, si es que se pretende decir que el ser humano posee un lenguaje, como lo experimentamos. Bien conocemos que para que la comunicación sea tal es menester un lenguaje (sea del tipo que sea: literario, pictórico, performático, musical) un emisor y un co- espectador que recepcione el mensaje; esto sólo es posible en un espacio compartido, donde encontramos posibilidades equivalentes o semejantes de expresión. Si no proporciona esto el espacio de comunicación, las acciones de carácter colectivo, como la emisión de un mensaje o la generación de cultura, se ven truncadas. Ya bien nos lo dijo el segundo Wittgenstein: Imaginar un lenguaje es imaginar una forma de vida, hablándonos de la conexión de la expresión con el espacio, el mundo de la vida corriente ya que el lenguaje se desenvuelve en un contexto en el cual hace de herramienta, de instrumento, no es una imagenería mental, es pura exterioridad, es fuera, tal cual es la existencia humana. Si conozco el mundo en el que se despliega el lenguaje puedo comprender el lenguaje que en él se da. Es necesario tal espacio para que se desarrollen las formas de comunicación y expresión requeridas en las colectividades humanas, para la comprensión y la formación de grupos de intercambios colectivos, para la generación de lo político, sobre esto Wilhen Dilthey en su texto Introducción a las ciencias del espíritu[16] nos habla respecto a la existencia de contenidos espirituales comunes los cuales nombramos como Cultura, la cual es posible si se da cierta semejanza entre los individuos en la generación de una comunidad de contenidos de vida, fundada tal semejanza en la interacción que se da sobre el espacio que comparten dentro de un grupo social, donde lo común es el engranaje de la actividad de sus espíritus. Sistemas de conocimientos que aparecen en los escenarios de la vida mientras los sujetos se presentan y luego se retiran conforme perecen. Cultura compuesta por la interacción directa de individuos particulares, diversos, limitada por la sociedad y condición del mundo exterior que la posibilita: la relación fundamental de interacciones, representaciones que pasan de un individuo a otro conforme se transmiten. En ello es posible observar que un solo acto vital de un individuo muestra la pluralidad de individualidades, no estando totalizados al pertenecer a una generación de cultura determinada, ya que sus contenidos son múltiples y complejos.

Cada individuo nace entre estos sistemas, a los cuales llamamos mundo humano, mundo compartido, que por ser compartidos se presentan como objetividades que perduran en el tiempo influyendo sobre él con sus instituciones. Cada uno de estos sistemas culturales se desarrollan en una realidad histórico social, al igual que la vida misma del individuo, y en ellos hallamos el conjunto de fines que comparte una comunidad, conjunto de fines determinado por la organización externa de la sociedad, voluntad que condiciona su configuración: l organización política del conjunto de individualidades.

La conexión entre los individuos se realiza por medio de la interacción entre ellos, interacción que produce un fin común hacia el cual apuntan estando bajo la directriz de la voluntad común de una organización de voluntades individuales sometidas a ella.



“esta se realiza allí mediante la acción de individuos independientes (…) La acción libre y la regulación de la actividad, el individualismo y la comunidad están aquí en mutua oposición. Pero estas dos grandes realidades están como en toda la historia viva, en relación recíproca[17]”



En ello hallamos dos variantes: La actividad autónoma de los individuos forma asociaciones para conseguir fines o se somete a la organización contra su voluntad, sujeto a las condiciones externas de la sociedad, que asegura y delimita el campo de acción de la actividad independiente de los individuos.

En estos escritos apunto a la actividad autónoma de los individuos, la cual sólo es posible si es posible la interacción comunicativa entre ellos dada por el espacio de expresión pública. Sin él la generación de cultura y la organización política propiamente tal no es posible.

*



Ahora veamos un ejemplo de cómo es que el ser humano puede hacerse cargo de su situación en los contextos más adversos y con los recursos de la escena, por medio de la gesticulación artístico-estética, por medio de su existencia presente en el mundo, en el contexto adverso del régimen militar chileno dónde el ejercicio de la actividad política se vio suprimido en la censura de los espacios y expresiones que conforman lo común. Para ello será menester que estos grupos, frente a la censura y la castrante autocensura, descubran y experimenten nuevas variantes del lenguaje o reinterpretaciones de éste y de la apertura de espacios de interacción, ya que sin ellos la cultura y organización política no es posible.

Tomaré como ejemplo grupos y accionistas de arte que se desenvolvieron entre los años 70 y 80 en Chile, sujetos que fueron parte de las expresiones estéticas a nivel mundial en la reivindicación del rol del cuerpo en la escena artística, sociológica, filosófica y política entre otras, y su importancia como sujeto de existencia, actor principal de su vida y el mundo, con el fin de reivindicar la acción social (acción en situación) como indisociable del sujeto que actúa y no ella dándose por sí misma; la manifestación existencial del rol político del cuerpo: existencia activa, protagonista de la historia en el uso de uno de los lenguajes que reivindica la existencia corpórea: la performance.


Continúa...

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[1] Bosquecillo y gimnasio a la entrada de Corinto.

[2] Goulet-Cazé, Al.-O., L'Ascése cyniqíie. Un commentnire de Diogéne Lacree, VI, 70-71, Vrin, pág. 22. Citado por Onfray, Michael. Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros. Editorial Paidos, Argentina, año 2002, p. 32.

[3] “El quínico, en cuanto materalista dialéctico, tiene que salir a la palestra de la opinión pública porqué ésta es el único espacio en el que la victoria sobre la arrogancia idealista puede tener lugar de una manera congruente”. Sloterdijk, Peter. Crítica de la razón cínica, tomo I. Editorial Taurus humanidades, p 152-153.

[4] Onfray, Michael. Cinismos. Retrato de los filósofos llamados perros. Editorial Paidos, Argentina, año 2002, p. 82.

[5] Artículo de Alfred Schütz. El problema de la intersubjetividad trascendental en Husserl. P. 307 (Arreglar cita, libro editorial año).

[6] Bretón, David. Sociología del cuerpo. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires, p 9.

[7] Ídem, p 86.

[8] Ídem, p 154.

[9] Utilizaré este término, por el momento, como el hecho de presentar la existencia en un escenario determinado. No involucra sólo un estar sino un hacer en.

[10] Diógenes deja en claro, en otra ironía, su punto de vista acerca de Alejandro: “Cuando en cierta ocasión envió Alejandro una carta para Antípatro en Atenas por medio de un tal Atlías, [Diógenes,] que estaba presente, profirió: ‘Cosa miserable, de un miserable, por un miserable, para un miscerable’ ”. Anécdota nº 44.

[11] Sobre la situación, libertad y mundo, ver capítulo II.

[12] Bataille, Georges. El erotismo. Edición electrónica, página 50- 63.

[13] Término que alude a lo físico – físico no en el sentido tradicional de puro cuerpo, sino como existencia: cuerpo vívido. Un estar ante lo que resiste y atacar/moverse/actuar lo cual sólo es evidenciado en su concreción estética: acción observable.

[14] M.P. Fenomenología de la percepción. Cita de memoria.

[15] Sobre este punto se profundizó en el capítulo dos, cuando aludimos a Sartre y al psicoanálisis exitencial. También apreciamos esta idea en Dilthey en su texto: Introducción a las ciencias del espíritu.

[16] Dilthey, Wilhen. Introducción a las ciencias del espíritu, Alianza editorial, Madrid 1980. p 101.

[17] Ídem, p 106 y 107.

2 comentarios:

  1. "vouyerismo pedagógico"
    weón está muy bueno

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  2. Somos unos secos

    :D

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