Artículo enviado por: Ojo de almíbar
Es extraño, pero varias veces he escuchado una frase referente a que el ignorante es más feliz que el sabio. La primera vez que le puse atención, me causó molestia. Pensé en que muchos perseguimos la sabiduría como uno de los tesoros más preciados, como algo más valioso que muchas de las cosas banales que otros siguen. Mas con el pasar del tiempo pude ver que tal vez aquella frase tan poco melodiosa, puede tener algo de cierto.
La filosofía nos guía hacia una búsqueda de la verdad...¿cuál verdad?, depende del autor, del pensador, del punto de vista, de la realidad. Pero no La verdad. Somos seres finitos, ni siquiera sabemos si al menos un 5% de lo que tenemos como conocimiento es cierto. Pero las respuestas a nuestra gran interrogante se van abriendo como un abanico. Primero creemos encontrar nuestra verdad, obtenemos una respuesta que nos deja convencidos por un tiempo, y respondemos a cualquier cosa con ella. Pasa el tiempo, conocemos más, y desechamos. Así es nuestra estructura cognitiva...probar, seleccionar, eliminar. Incluso los genios han pasado por esto. Es una especie de ingenuidad primeriza.
Las distintas teorías van llenando nuestras miras. Pero...aquellas teorías, entregadas por la filosofía, no siempre dan a conocer lo que quisiéramos saber, sino más bien, vamos descubriendo que mucho de lo que creímos quizás no es, y mucho de lo que pensamos que era inaudito, es. Hay quienes abandonan, pero estamos los que seguimos. De esta forma, una especie de amargura nos recorre. Ya no somos dogmáticos, ahora queremos llegar a la raíz de una razón, para admitirla como algo verdadero o falso. Entonces caemos en una nueva etapa. Ningún argumento nos hace sentir satisfechos si no está minuciosamente defendido.
Es ahí, precisamente en ese momento, cuando la filosofía se transforma en un estilo de vida. No hay momento en que no se dude, en que no se reflexione acerca de todo lo que se escucha. Las palabras cotidianas se vuelven carentes de sentido, y todo lo que no tenga un contenido profundo, es espuma. Pero se cae en un estado al cual, personalmente, no considero favorable: el pesimismo.
¿Tenemos que ser completos?, ¿o es que acaso este nuevo descubrimiento al que nos lleva la filosofía es en el que nos deberíamos centrar para siempre?, mi pregunta alude a que no sé qué tan bueno (lamento usar esa expresión) sea racionalizar nuestras vidas. Aquél que es ignorante no sabe los enigmas que existen en sus propias vidas...pero no hay que engañarse. Los ignorantes también sufren, porque dentro de aquella pequeña burbuja, se aprobleman por cosas ínfimas. Quizás la felicidad no sea parte de la ignorancia, tampoco de la racionalización pura. En mi opinión la sabiduría es la templanza, y aquella templanza sólo está en saber abstraerse de la racionalización cuando existen los momentos cotidianos, esos momentos que podríamos considerar vanos, pero que aunque algunos lo nieguen, todos vivimos. Si llegáramos a racionalizar cada cosa que vivimos, nos volveríamos locos. En este caso, debería haber felicidad para un sabio, e incluso, para quien busca la sabiduría.

No te compliques más, loca vieja: la Felicidad... es Feliz! Y se acabó.
ResponderSuprimirSP.
y el espacio es espacial ...
ResponderSuprimirY ni me hablen del tiempo... que es temporal. Y todo el mundo sabe esa hueá!
ResponderSuprimirSP (el humilde).
"Si quieres comprender la palabra felicidad, tienes que entenderla como recompensa y no como fin"
ResponderSuprimir[Antoine de Saint-Exupéry]
se es felí no ma po, :)
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