sábado 21 de agosto de 2010

Puta, Perra, Ramera, Guarra.

Érase una vez una mujer malvada, conocida por la mayoría como Puta, Perra, Ramera, Guarra. Siendo una mujer muy resuelta y sin tener ninguna vergüenza por ser como era, hizo una petición al juez supremo. Pidió que las etiquetas que llevaba fueran cambiadas por otras más exactas, que expresasen su maldad como persona, en lugar de hacerlo como lo hacían, simplemente como mujer.


El juez, por casualidad, estaba aburrido en aquel momento.
- Muy bien- dijo-, podrás tener una audiencia, y a los letrados de la ciudad, en el día señalado, se les pedirá que sugieran otra alternativa.
El día llegó y el juez miró a su alrededor y solicitó de los expertos una etiqueta alternativa, pero el viejo sabio se mostró muy turbado.
- El hecho es, Su Señoría, que no nos ha sido posible llegar a un acuerdo.
- ¿Es eso cierto?- preguntó el juez-. Bueno, debí haberlo imaginado. Supongo que se perdieron en discusiones filosóficas. No importa. Siéntense. Lo decidiré yo. ¿Qué tal "ladrona"?- dijo, volviéndose hacia la mujer.
- Como a usted le plazca, Su Señoría- contestó el viejo sabio-, "ladrona" es excelente pero esta mujer presta servicios por el dinero recibido, así que lamentablemente, Su Señoría, ese término en particular no se le puede aplicar.
-Bien, ¿qué tal "mendiga"?- dijo el juez supremo.
Pero el letrado aplicado se interpuso de nuevo.
- No está muy claro, Su Señoría, que el ser mendigo sea en sí un signo de maldad. Además, esta desafortunada mujer no mendiga.
-Oh- dijo el juez- ¿Qué tal "bastarda"?
No, supongo que encontrareis otra objeción. Bien, ¿cuál es el problema? ¿por qué estamos teniendo tantas dificultades?
- La verdad es, su señoría -contestó el experto- que su maldad consiste en el hecho de ser mujer.
- Ah -observó el juez-. Esa es la respuesta. Vete, Mujer, ése es tu nombre y tu nueva etiqueta.

Fábulas..., de Suniti Namjoshi. Editorial Universital Jaume-I. P. 85.


En la foto Simone de Beauvoir.

Mujer ¿un concepto?. No lo sé aún, intentaré pensarlo-escribirlo.
Repito la palabra mujer una y otra vez en mi mente, en aquel juego que de niños algunos practicaban para terminar perdiendo el sentido de la palabra. El significado establecido. Mujer, mujer, mujer, mujer ¿qué es ser mujer? Sartre le recomendó a Beauvoir que definiera que sea ser mujer ¿quién mejor para definirse así mismo que el mismo individuo? habrá pensado Jean. Lástima que una definición subjetiva no sea suficiente, para generalizar es menester incluir la perspectiva del resto, para recabar una mirada amplia de lo que se desea definir. Y pensando en significados me pregunto ¿qué ha de importar una definición en algo que se vive? Ser mujer se vive, pese a todo lo que nosotras ya sabemos. Pese a la situación en la que estamos insertas, pese a esos machismos infantiles, esas palabras burdas, esas miradas roñosas, descalificativas. Ese contexto en el que se nos ha criado: el de imitar al eunuco sin vellos en las piernas, de cabello largo y cuidado, pechos turgentes, piernas firmes, delicada, pasiva y bella. El estereotipo de mujer. De ser lo que se espera que seamos o de ser lo que decidamos ser. Cada una mujer a su propia imagen y semejanza. Mujer para mi y desde mi a los otros.
Ser mujer es algo que se vive y la vida está fuera de mi mente. ¿Cómo sé que soy mujer y no un hombre? ¿Qué son estas palabras?¿Hay algo de necesario en su pronunciación? ¿Sin ellas dejo de ser lo que soy? Ahora me levanto de mi escritorio y me paro ante el espejo para tener la mirada externa de esto que otros llaman mujer: mi cuerpo. El cuerpo es hombre o mujer, la mente no tiene sexo, me dijeron. Ahora me quitaré algunas etiquetas.
Me paro ante el espejo, y me quito la ropa. En la ropa no está lo que sea ser mujer -me impongo esta idea a mi misma.
Desnuda, recorro la mirada sobre mi cuello, los hombros y bajo delicadamente al busto. 'Esto es de mujer' y tomo mis pechos, pero luego recuerdo que un par de gomas plásticas hacen también a una mujer virtual, transexual. Miro mi vientre y recuerdo los dulces que comí ayer, luego recuerdo a lo que voy. Mi sexo. Ahí, nada. El musgo, como dijo Neruda al hablar del pubis de una chica que deseaba, en su 'Confieso que he vivido'. Mi pubis y sus secretos. Él y sus secretos hacen que yo sea mujer y recuerdo las nuevas cirujías plásticas que convierten penes en vagina, cual dibujante borra el trazo, a sus ojos, mal hecho.
¿La mujer que busco no está en mi cuerpo? Al menos no es lo que me hace ser mujer. Mi cuerpo no me define, por que cualquiera podría imitar mi cuerpo y no sería yo, pero sería clasificado dentro de la etiqueta Katherine, por parecerse a mi. Por ser parte del estereotipo de mi misma. a los ojos de los demás. Los demás, ese podría ser el problema.
Mi cuerpo desnudo comienza a hablarme y yo lo dejo ser. Enciendo la radio en mi estación favorita y la música penetra mi piel. Danzo, desnuda me muevo y siento que estoy viva, que estoy aquí, sin saber lo que yo sea pero estoy y me vivo. Me siento bella y bailo, bailo sola y en el extasis de mi baile espontáneo, en los giros y vueltas, mi cuerpo comienza a hablarme y me dice: piel, piel cabellos. Bustos, pezones. E imagino que en mis giros estas partes vuelan como trozos sobre la habitación. Mujer. Me miro y cuando bailo mi cuerpo se ve borroso y tomo un lápiz de ojos y me hago barba en la cara ¿Qué soy? me pregunto. ¿Soy hombre ahora? Hombre con busto y vulva. Hombre que baila. Etiqueta. Me estoy etiquetando. Las definiciones están guarecidas tras las palabras-etiquetas. Me coloco una sobre mi y ya los demás podrán saber que soy cuando me vean. Tienen mente, tienen razón y a cada persona o cosa que vean sentirán la necesidad de darle un sentido, de buscarlo, de definirlo, aunque no sea vital. Mala costumbre humana de definir, de poner límites, de buscar directrices de sentido para orientar su pensamiento, de intentar clasificar todo aquello que se ve en las categorías comunes y establecidas. De pretender reducir todo con su razón. Reducir, disolver, encerrar y matar. Las definiciones matan el movimiento y mi cuerpo quiere seguir bailando y lo dejo ser. Que sea, que sea lo que quiera ser, que juegue, que dance, que viva.

En la foto Frida Kahlo

Soy mujer me dicen, ahora mujer de barba y me dibujo cajones en el cuerpo como en 'Huevos de oro' y río. Río e imagino que las etiquetas que estan sobre mi cuerpo se caen, me desprendo. Luego mi mente se perturba. ¿Qué soy? ¿Ya no soy Katherine? Y siente esa maldita manía de decir 'esto soy'. Y recuerdo que soy libre, que no tengo definición, que yo construyo lo que soy. Cada mujer y cada hombre construye lo que es. Incluso las etiquetas que otros nos colocan es a causa de nuestras propias acciones: Tonto, inteligente, comunista, fascista. Etiquetas, palabras cuyos significados y su misma existencia es a causa de consensos sociales, construcciones mancomunadas y tienen validez si yo las acepto, las integro a mi vida y comienzo a vivirlas. Si yo elijo la etiqueta y la asumo, si la hago parte de mi, soy culpable y debo hacerme responsable de ser nombrada con la etiqueta y toda la definición que lleve de por medio. Pero hey! no hay pegamentos eternos en aquellos papeles con nombres.
Pensando esto, que el mundo y las definiciones es algo que se construye socialmente comienzo a pensar que el género, el ser hombre y mujer es otra definición consensuada más, no es algo con lo que yo nazca, como mi cuerpo. Y ahora ni siquiera mi cuerpo me determina pues lo puedo modificar. Ya no es necesario, el cuerpo ya no es lo inmodificable, lo que es. Ahora el cuerpo se mueve y no se deja domar, aunque se intenta domarlo, sigue escapando a las etiquetas, como Nebreda.
Hay definiciones sociales para hombre y para mujer. Se establece de antemano pero el sujeto escapa. Ya no es hombre el que posea pene, ya no es mujer la que posea mamas. Ya no es mujer la que se queda en la casa a cuidar a los hijos -'ya no es' en el sentido de no estar determinado, de poder escapar a ese concepto-. Ya no es mejor o peor mujer la virgen o no virgen, vista su virginidad como un trofeo para el hombre o mujer que la recibe. En algún tiempo se pensó así, como concepto irrevocable. Un trozo de piel que garantizaba la 'virtud' sólo de la vagina, pues las otras partes del cuerpo podía haber caído en los más sórdidos placeres de la carne y ella hubiera sido llamada de igual forma virgen.

En la foto Pierre Molinier

Hoy no, sabemos hoy que para las concepciones feministas o no, ser mujer es vivirse como tal, desplegar la sexualidad. Ser promiscua sería el grado máximo de feminidad, por la perfección de los movimientos y actos que sólo se adquiere en experiencia. Experimentando el sexo la mujer y el hombre se quitan prejuicios sobre su cuerpo, sobre las relaciones humanas, sobre la vida. Vida que la mente interpretaba sin haber vivido lo que fuera esa etiqueta con el cuerpo, lo que es vida real. Es cierto que los feminismos primeros reducían a la mujer a un rol pasivo con su cuerpo para emancipar su mente y ser integrada en el estudio y el trabajo. Pero los neo feminimos -no me refiero al feminismo barato que agrede lo masculino (aunque se sigue ocupando como ironía al modo de herramienta para insertar el tema) sino al feminismo real que eleva el rol de la mujer y lo que sea ser mujer al espacio que le corresponde, valorándose como ser humano- descubren el cuerpo de la mujer como elemento fundamental para el autoconocimiento, cuerpo, más que cuerpo de mujer.Somos un cuerpo, en el sexo, en nuestras relaciones con los demás, vamos viendo lo que realmente somos, o como nos vivimos mejor dicho. Lo que sea ser mujer lo decide cada una. Cada una de nosotras moldeando lo que sea vivir esa etiqueta, que no desaparece, por que los nombres son ideas y la mente necesita pensarnos. Pensar a la mujer.
Mujeres, queridas mujeres. Queridos transexuales, travestidos que juegan con estas etiquetas de género. Ustedes saben que somos lo que decidamos ser. Ustedes saben que la definición de moda de mujer: Multimujer - Una persona que se adapta a la evolución del pensamiento social, donde se integra a labores que solo eran permitidas para lo masculino, quitándose la posibilidad de dejar el hogar, obligándose (con éticas superficiales) a seguir haciéndose responsable de la familia, sin poder decidir entre uno u otro espacio. Etiqueta que los medios masifican, etiqueta que ella misma decide vivir- es un juego publicitario, es otra imposición más. Otra etiqueta que un grupo sudo-pensante nos adjudica como rol a cumplir. Hagamos oídos sordos. Nosotras tenemos la palabra, el movimiento del cuerpo, la voz y un sin fin de formas de expresar que no seremos jamás lo que se quiere o pretende que seamos. Somos diversas, distintas. Una mujer para cada mujer u hombre. Etiquetas, esos nombres. Etiquetas desprendibles con el baile del cuerpo, con el movimiento, con la vida. Con el vivirnos. Quien te exija mujer, ser ESA mujer predeterminada, ese eunuco femenino, no te aprecia y jamás será capaz de amarte por lo que eres y como eres: libre, con igualdad de capacidades, con diferencia. Negación y no individuo perteneciente a una masa. Quien pretenda encasillarte en su propio concepto de mujer no merece llamarse amigo, compañero, amante, marido, Dios. Es cárcel y tu eres libre.

10 comentarios:

  1. Las etiquetas más grandes que conozco me las he puesto yo. Bien dicen: "crea fama y échate a dormir”. Creo que mucha gente tiene ciertas creencias de quién soy y eso me molesta porque a veces ni yo misma estoy segura de quién o qué soy, entonces no entiendo por qué los demás pueden saberlo. Pero lo que más miedo me da es conocer o desconocer los límites de quién soy. ¿Hay límites?, más bien esa sería la pregunta. ¿Hay límites en cuanto a las etiquetas que nos podemos colgar? En mi caso no lo hay, hay más límites en cuanto a las que me quito. Creo que yo soy mi propia cárcel.

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  2. que bonito Katty, un abrazo.
    qué haces escribiendo aquí con la lacra, piénsalo.

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  3. me hace bien leerte, gracoias por escribir ^///^

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  4. a veces pienso como Pino porque una pocas veces se pregunta como "participamos" de la idea de mujer o como la formamos, qué hago para hacerla y si uno se queda asumiendo lo que los demás dicen es que una es su propia cárcel. Me gusto eso de que personificaras el texto así como reflexión personal
    Saludos,

    Ana.

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  5. ¿Qué textos usaste para este ensayo?, porfa la referencia.

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  6. Gracias personas anónimas por leer. Un beso para Angie.
    Me tardo en responder porque estoy demasiado ocupada con la mente en 5 cosas importantes.
    Aquí algunos textos que recuerdo haber leído en la biblioteca de Santiago en la sección de género (+18). No les hice referencia ya que al leerlos me dí cuenta que habían muchas cosas que yo ya había pensado y no me pareció nada teórico novedoso sobre el tema femenino, lesbianismo y transexualidad.

    -'Tiene sexo la mente' Londa Schiebinger
    - Un siglo de antifeminismo (muuy bueno)Cristine Bard.
    - Teoría feminista, de la ilustración a la globalización. Del feminismo liberal al posmodernismo. (Son varios tomos)
    - Discurso, género y poder. (no anoté los autores, son varios).
    - Cuerpos desobedientes. Travestismo, identidad de género. Josefina Fernández.

    Eso por lo que anoté. Hay muchos libros buenos, vayan a ver.

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  7. Sigue así por favor!!!! me identifiqué mucho con el ensayo, pienso que las etiquetas ...sólo te limitan, te encasillan...y podemos ser lo que queramos!!!

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  8. Hermoso, nada más.

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