
Opiniones transeúntes, como quien escribe cual personaje de paso que ha de tomar el metro hacia un lugar determinado y saca una foto cualquiera o como quien toma el metro para recorrer las estaciones, sin lugar de destino, mirando por la ventana porque si no mirara estaría bajo los rieles a causa del sin sentido y se topa con esto nuevo que no había visto. Sólo una perspectiva.
Sonará gracioso si digo que son las 6.13 am y que no me ha dejado dormir esta noche la pulsión que hace cosquillas en mi garganta del cuadro que ha sido instalado hace breves semanas en Estación Central.
Conversaba sobre él con unos amigos en el anhelo de un entrelatas que ya no existe. Mi querida amiga decía: fea la hueá. Ese color apagado, no. No. Luego con la etilidad en los ojos y arribando en dicha estación, nuevamente la percepción fue la misma, ahora ante el cuadro. Sea recordado o sea visto de cerca en ella noté la reacción de lo lúgubre de las tonalidades de dicho montaje y el pedazo de vida que parecía quitarle.
Cada expresión del ser humano que haya sido creada no conforme a su utilidad práctica, sino a su utilidad anímica es una forma de lenguaje. De esta forma la música, la pintura, la danza y el teatro son lenguajes, y cada cual ha de tener sus signos y mensajes no necesariamente explícitos para el receptor ya que para lo explícito y evidente, es decir, muerto y ya hecho, tenemos el lenguaje escrito y pensado, hablado y tragado (exceptuando la poética de la escritura).
Lo que el cuadro provocó en mi amiga, es el efecto del mensaje del cuadro. Mensaje que a pesar de la intención del artista, ha de contener siempre ideas que se escapen a su conciencia, ya sea en la composición de los elementos, colores o ideas de última hora. Aquello que se le escapa es la libertad de la obra de arte, por que es humana y ha de ser al modo en que somos nosotros, en cierto sentido.
El cuadro emana un mensaje, al modo de los jeroglíficos, como cualquier tipo de obra. Ahora intentaré encontrar qué tipo de mensaje causó esta especie de náusea en las siempre acertadas primeras impresiones de mi querida amiga. Acertada desde la intuición o exacerbación de sus capacidades perceptivas (sensibilidad le llaman). Algunos tienen la capacidad otros no.
1º Estación Central es el punto donde, desde antaño, ha confluido todo Chile. Desde dónde el campo llenó de flores la ciudad, familias sin hogar, esperanzas de modernos progresos y empleos mal remunerados en empresas que comenzaban en una supuesta inocencia a automatizar los cuerpos. Las mujeres comenzaban a integrarse al trabajo, y con el trabajo el dinero y con el dinero el consumo... lo demás se lo saben de memoria los vivientes.
2º En frente de la estación: nuestra querida Universidad de Santiago de Chile, antiguamente Universidad Técnica del Estado. Centro de avances tecnológicos y científicos en materias relevantes para la época: mecánicos, cerrajeros, soldadores. Artistas del metal, en resumen.
Estos dos conceptos son los que apreciamos en primera instancia: la técnica industrial y una mirada amplia hacia lo que es Chile regional.
¿Qué ha sido lo que ha causado náusea en mi amiga? me seguía preguntando, pues a mí me parece un buen cuadro. Ha de ser otro mensaje que se escapa a la simple mirada y tal vez a la intención del artista, que ha creado el cuadro conforme a lo habitual para ser aceptado como donación para esta estación por el bicentenario. Y no creo que sea donación ingenua.
Los mensajes no evidentes se obtienen a través de la intuición. Ideas que se presentan en la mente de un individuo venidas casi de la nada. Pero hay que tener cuidado con ellas, no por ser peligrosas sino por ser delicadas ya que se confunden con los humores del cuerpo y las emociones, resultando difícil separarlas de aquellos factores que pueden empañarlas. Para que sean claras y distintas hay que buscar en ellas lo que otros también puedan observar, utilizando esta habilidad de la mente. En ello radica la interpretación. Sin jamás quitarse la subjetividad de la existencia humana pero igualmente tocando lo objetivo. Heráclito me comprenderá, o Sócrates con la dialéctica.
Náusea provocó en ella los colores y tonalidades. 'Es como Santiago' dijo su novio, contaminado.
El cuadro está contaminado por el hombre. Se deja entrever en toda su extensión la creación humana, pero inmunda. Chimeneas rumiando el humo, lagos grisáceos, cordilleras nubladas por el smog. Chile progreso, Chile contaminado, sucio. Chile como el mundo: un ser humano preocupado por la conectividad, por la producción, por el progreso y los avances ¿y de que sirve si luego nos deja como residuo un mundo que se nos presenta en una náusea? ¿de qué sirve el nuevo transporte de moda, las instalaciones eléctricas que permiten iluminar el mundo si lo han de dejar igual de oscuro a la luz del sol? ¿Dónde está el progreso si más que avances nos ha llevado a la destrucción del lugar en que vivimos y por consecuencia a la destrucción de cada uno de nosotros?.
Uno encima de otro, a modo de collage, el creador del cuadro instaló aquello de lo que Chilito se siente orgulloso colapsando la imagen. ¿Dónde está la cordillera? Ahí detrás, lúgubre, tiznada e intervenida al máximo con el fierraje propio de los rieles para gobernarla. ¿Dónde está el mar? ahí, cubierto de la maquinaria que lo enegrese de líquidos contaminantes.
Y en ello, ningún ser humano en el cuadro. Es como si la pintura fuera una burla de nuestra situación actual. Es como si hubiéramos dejado de habitar el mundo y se hubieran apoderado, del lugar en el que vivimos, las máquinas. Cada mujer y hombre se fue, y en su huida dejó detrás suyo un mundo repleto de técnica inservible, pues pensando en que fuera a permitir el dominio de la naturaleza para habitarla terminó destruyéndola como apreciamos ahora, viviendo este espacio contaminado.
El sitio natural se observa como un fondo muerto. Sobre él, vivas las máquinas, transportes, aniquilaciones del suelo en asfalto, torres que empañan el cielo, chimeneas empresariales que lo vomitan. Repleto, repleto el suelo natural al modo de un cementerio de chatarra. Ya no queda recuerdo del cielo azul, ni la blanca cordillera del poema de Eusebio.
Y fuera, nosotros que vemos desde fuera, también somos parte del cuadro. Miramos el desastre del mundo como si no fuéramos parte de él ni los culpables; miramos el cuadro sin comprometernos al modo en que no nos comprometemos con el espacio que habitamos, pasamos por las orillas del andén para dirigirnos hacia nuestro monótono viaje y de cuando en vez tomamos conciencia de que está ahí, ese enorme cuadro que abarca todo el frontis de la boca que se traga el tren o túnel, como le dicen los expertos. De la misma forma nos preocupamos del mundo en que vivimos, de cuando en vez tomamos conciencia de que ya hemos dejado de habitarlo y que lo hemos, más bien, empañado de chatarra, contaminado de progreso. Y pasamos sobre él como si fuera parte del viaje habitual sobre el mundo. 'Paso, tiro unos cuantos papeles, destruyo unos cuantos bosques y me voy'.
Ya no vivimos el mundo, ya no lo habitamos. Él se ha alejado de nosotros, yace oculto y cada cual pasa sobre él como el transeúnte que pasa para hacer su viaje cotidiano, embriagado de la actitud natural. Embriagados todos. Automatizado cada uno por el movimiento de la maquinaria que lo ha de llevar a una estructura, donde se sentará en un instrumento, para teclear un artefacto, para que una maquinita le diga la hora y vuelva a emprender su viaje en la maquinaria, para llegar a su estructura-casa y dormir sobre el atado de fierro donde rebosa un colchón de resortes.
Náusea, eso es lo que provoca este mundo-artefacto en que hemos transformado el lugar en el que vivimos. Náusea es lo que provoca el supuesto progreso que más que llevarnos al edén nos está conduciendo a la nada, por que decir infierno es decir un lugar y ya este sitio donde estoy ni siquiera alcanza el staus de lugar: espacio ocupado por un cuerpo, porque ya ni es posible ocupar el espacio, desplegar mis movimientos humanos sin tropezar con el atado de fierro o cemento.
Aquel es el mensaje que provocó en mi amiga la sensación de asco sobre el cuadro, no era asco del cuadro, era asco del mundo porque la pintura sólo es reflejo del mundo con intención de ser humano. 'Fea la hueá', feo el espacio que hemos preparado para las generaciones futuras, feo lo que le hemos hecho al espacio en que intentamos vivir, fea la actitud humana, feo el desinterés, feo: de aspecto malo o desfavorable.
Desconozco si habrá sido la intención del artista mostrar lo lúgubre del sitio en el que ahora estamos sin comprometernos con él. Lo nauseabundo del espacio humano. Pero si no, será que el trazo lo ha engañado desconectándose de su intención y conectándose con el mensaje que grita el mundo entre terremotos, huracanes y otros desastres que provoca la naturaleza en el intento de sacudirse los parásitos, perdón, seres humanos.
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ResponderSuprimir"Y fuera, nosotros que vemos desde fuera, también somos parte del cuadro. Miramos el desastre del mundo como si no fuéramos parte de él ni los culpables; miramos el cuadro sin comprometernos al modo en que no nos comprometemos con el espacio que habitamos, pasamos por las orillas del andén para dirigirnos hacia nuestro monótono viaje y de cuando en vez tomamos conciencia de que está ahí, ese enorme cuadro que abarca todo el frontis de la boca que se traga el tren o túnel, como le dicen los expertos."
ResponderSuprimirMe gustó caleta tu nota. Yo no cacho mucho de teoría del arte ni nada, pero coincido que el mensaje expresado en el arte de verdad es el que se intuye. Me acordé de pa película cubana "Fresa & chocolate". No sé si la viste, quizás escriba de más, pero es de un militante comunista cubano ultra cuadrado que empieza a infiltrarse en la vida de un artista homosexual cristiano, con el fin fondeado de que lo censuren y no pueda publicar unas figuras religiosas de su autoría. El tema es que el loco tambien hacía arte, escribía una historia. Entonces, el loco que era homosexual lo "adentró" en lo artístico, humanizándolo, criticándole su arte proque era demasiado panfletario. Entonces, al final, el homosexual le dice al comunista una frase que es notable y que se me vino a la cabeza con tu nota: "El arte no tiene que trasmitir nada, ¡Que las radios transmitan!, el arte tiene que hacer sentir, sentir y pensar."
Es como la náusea. Decir algo que implica un río de cosas malas pa uno, sin decirlas una a una, porque son individuales. Se cita la Náusea, que es lo universal, no lo que lleva á la náusea.
Puta, pulentito, bkn.
Dejo mi saludo.
esto es ejercicio hermenéutico no? te quedo bien me gusta es tipo posmo
ResponderSuprimirSaludos
Mez.
la wea bakán, puta que erí seca kattyuska. Besos.
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