lunes 24 de mayo de 2010

Ser-para-Otro



Paul Cézanne, Cinco bañadores.

















A modo de aporte a lo expuesto por David y al nuevo estilo que esta tomando el blog [algo que comienza a agradarme] a continuación pretendo explicar -desde la fenomenología- por qué se ve a los demás individuos como "lo otro" -como objetos manipulables, destruibles, como útiles- y no como sujetos, al modo en que yo también lo soy.
Para mayor comprensión es menester estar informado acerca de un aspecto ontológico importante del ser humano: su ser-para-sí [existencia subjetiva, consciente de sí misma] visto en Sartre, en su texto Ser y la nada.
El texto guía es el de Sartre, pero también hay ideas de Heidegger y Merleau-Ponty.


__________________________________________________________
Ser-para-otro

El mundo es inseparable del sujeto, pero de un sujeto que no es más que proyecto de mundo, pero de un mundo que él mismo proyecta. El sujeto es ser-en-el-mundo y el mundo permanece “subjetivo” puesto que su textura y sus articulaciones son esbozadas por el movimiento de trascendencia del sujeto[1]


Ser-para-otro es la mirada del otro sobre mi cuerpo, es lo que es mi cuerpo para un observador que no soy yo y es mi mirada sobre un cuerpo que no es el mío. En ello, sería un error interpretar mi cuerpo a partir de las acciones de los otros[2], es decir, pensar que mi cuerpo es para mi al modo en que se da ante mi el cuerpo ajeno. Ya que el cuerpo ajeno se me presenta como lo no-yo en la mundaneidad, al modo en como se me dan los otros objetos, como instrumento en medio de otros instrumentos.
El otro se me presenta como un utensilio que hace y que maneja utensilios, dándoseme al modo de una máquina-útil, siendo que, como vimos más arriba, es un para-sí, una existencia corpórea y no un objeto.
Si interpreto el papel de mi cuerpo a la luz de mis conocimientos del ‘cuerpo del otro’, me consideraré como Dotado de cierto instrumento del que puedo disponer a gusto[3] y viéndolo así, siendo esta máquina-utensilio, podría disponer de los otros (como cuerpos instrumentos) respecto al fin que persigo (ya sea material, político, económico, bélico).
Como veo al cuerpo del otro como un útil, al presentarse fuera en medio del mundo de útiles, tengo la tendencia a servirme de él, al modo en que me sirvo de una pala para cavar un agujero en la tierra. Como si fuera mi manipulable, mi instrumento para algo:

a) Para lograr fines que no podría lograr por mi solo.
b) Para comandar sus actos
c) Para provocar sus actos por medio de los míos (manipular).

Ante estas posibilidades de acción sobre el cuerpo del otro, debo tener precaución, ya que su cuerpo no es un útil y si lo fuera sería el más delicado y peligroso objeto, ya que requeriría que mi ser también fuera un útil para poder manipularlo, pues según Sartre ‘Para manejar el cuerpo del otro tengo necesidad de un instrumento que es mi propio cuerpo’, lo que involucra olvidar la humanidad subjetiva del otro y la mía, olvidar su para-sí y me lleva a la remisión sobre la comunidad de objetos mundanos, manejables, utilizables, destruibles: medios para fines, como el de la muerte[4].
Pues si soy un útil que maneja otro útil, podría manipular el cuerpo del otro para matar, para alimentarme, para dañar a otro, para conquistar territorios, para enriquecerme, para torturar, para satisfacer mis deseos carnales[5] y en ello caemos en la trasgresión de los principales derechos universales: los derechos humanos.
Derechos cuya transgresión, en la actualidad, hemos apreciado en guerras económicas y en sus consecuencias destructivas, en violaciones de la dignidad del hombre, en la perdida del valor de la vida del otro, como ser-para-sí, como ‘existencia conmigo’ en el mundo.

“Así, si concibo mis órganos sensibles como los del Otro, requieren de un órgano sensible para percibirlos; y si capto a mi cuerpo como un instrumento semejante al cuerpo del otro, exige un instrumento que lo maneje; y si nos negamos a concebir este recurso al infinito, entonces nos es preciso admitir la paradoja de un instrumento físico manejado por un alma[6]

Si nos vemos como útiles nos enfrascamos en relaciones de utilidad paradójicas, que remiten a confusas aporías donde requerimos cada vez de más útiles en la manipulabilidad de los otros seres. Ya que mis relaciones con este instrumento (yo) y aquel instrumento (tú) serían meramente técnicas, lo que termina por remitir al infinito de la utensilidad, en una abstracción que sólo es posible en el solipsismo mental, alejándose de la carne que vivencia el útil y experimenta la vida del otro en su tránsito en medio del contexto mundo.
Para evitar este tipo de razonamientos abstractos que disuelven la vida humana en un objeto, es menester la restitución del aspecto ontológico que vimos más arriba: nuestro ser para-sí, para-nosotros.
Esta confusión paradójica, de la observancia de mi cuerpo como instrumento manejado por un alma y del cuerpo del otro como útil, se debe a la forma en que, en el hábito, estamos insertos en el mundo, junto a otros existentes en mundo, donde percepción (del objeto) y acción (de mi cuerpo) se dan sin distinción en el entramado mundanal. Pero yo no existo el mundo al modo del útil, pues soy proyecto, trascendencia del mundo y del objeto, mi ser está dado más allá del aquí, en mi futuro realizado. Aunque mi acto perceptivo se entremezcle con el útil en el entramado mundanal, al modo del cuadro de Cézanne -en el cual mundo, cuerpo y utensilio se entretejen sin distinción en su trazo único de pintar sin dibujar- , aunque formen uno en el acto de utilidad mano-lápiz producto de mi actividad, pues yo existo el lápiz cuando lo uso y en tal utilidad el lápiz me devela mi ser aquí, me devela a mi mismo como ser mundano, como existencia actual que trasciende el lápiz, cómo punto de referencia de los demás utensilios, mientras el lápiz se queda aquí, en su ser dado, mientras yo aún no soy, por ser trascendencia, futuro.

“[…] mi mano se ha desvanecido [en la serie trazar-caracteres-sobre-el-papel-con-el lapiz-que-sujeta-mi-mano-en-este-momento]; está perdida en el sistema complejo de utensilidad, para que este sistema exista. Es simplemente el sentido y la orientación del sistema[7]

Soy existencia ordenadora y dadora de sentido[8] del mundo. El complejo de utensilidad, mi vivencia perceptiva, me devela mi estar-siendo-en-el-mundo aquí y ahora en actividad. Me devela mi presente, sustentado en el pasado, proyectado hacia mi actividad futura. En este desvanecimiento de mi cuerpo en la utilidad del objeto que manipulo, mi acción en el mundo se da al modo de un útil a simple vista, por ser uno en el acto perceptivo con el útil y el mundo, por efecto de mi actividad en él, pero aquello no se debe a que mi cuerpo sea un objeto, pura presencia a otro, puro presente y actualidad como los objetos mundanos. Se debe a que me inserto en el mundo, campo de utensilidad, al modo de un útil, por mi adaptación al útil, pero no soy un instrumento que empleo, pues lo somos, lo existimos. Mi cuerpo se me presenta en el mundo como adaptación a los utensilios

[…] no tengo-de adaptarme a él ni de adaptarle otro utensilio, sino que él es mi propia adaptación a los utensilios, la adaptación que yo soy”

y en esta adaptación me confundo con ellos, sin ser uno de ellos. Yo existo mi cuerpo, lo soy, por este motivo no es mi instrumento ni mi propiedad en modo en que lo sería un objeto.
Esta adaptación al útil en el tejido mundo fondo, lo único que revela de mi, no es mi ser útil pues soy existencia, sino que hace presente que no soy una pantalla entre mi subjetividad y las cosas. Al estar experimentando una situación, mi cuerpo forma con el mundo y los útiles una totalidad sintética que muestra a mi cuerpo como la individualidad y contingencia de mis relaciones originarias con las cosas-utensilios, es mi vivencia del mundo, mi existencia del mundo a través de las cosas, siendo cada útil un indicador de la singularidad, de la particularidad mi cuerpo.
A partir de la situación, de mi actividad existencial en el mundo, mi cuerpo se aparece como la totalidad sintética de la vida y la acción, determinando el todo el movimiento y sentido de las partes[9]. Situación que manifiesta que existo en el mundo y utilizo objetos para mi existencia, y en aquella actividad me mezclo con el mundo al modo en que los cinco bañadores no son los mismos sin el entramado cuadro-mundo, ni el mundo es el mismo sin el cuerpo del hombre que lo vive y lo va creando en su actividad.


[1] Merleau-Ponty, M. Fenomenología de la percepción. Pág. 491-493
[2] Sartre, Jean Paul. Ser y la nada. Editorial Losada. P 406.
[3] Ídem. P. 407.
[4] En este punto se acentúa el ejercicio de una nueva visión política del ser humano, en la cual se considere el carácter primordial de ‘ser libres subjetividades’ de hombres y mujeres, para evitar la cosificación disolvente de lo humano que poseemos. En ello encontramos el contemporáneo pensamiento de Hannah Arendt desarrollado en una época en la cual se gestaba el totalitarismo, la destrucción y el temor a las armas nucleares, pensamiento político en el cual se reconoce al ser humano como sujeto existente en un mundo, cuya libertad es antecedente primordial antes del ejercicio de la política, antecedente sin el cual perderíamos el mundo humano y nuestra propia humanidad. Visión expuesta en su texto ¿Qué es la política? El cual trataremos en breve.
[5] Al modo en que lo describe el Marqués de Sade en su texto Filosofía en el tocador, por ejemplo. Dónde el cuerpo de los otros (los que padecen vejámenes o violación) es tomado como un útil y manipulado del mismo modo que un objeto. Ejemplo de ello lo podemos apreciar en el siguiente extracto:
SRA. DE SAINT ANGE: Creo que ahora es muy esencial que el veneno que circula en
las venas de la señora no pueda salirse; por tanto es preciso que Eugenia os cosa con cuidado
el coño y el culo, para que el humor virulento, más concentrado, menos sometido a
evaporación, os calcine los huesos con rapidez.
EUGENIA: ¡Excelente idea! Vamos, vamos, agujas, hilo... Separad vuestros muslos,
mamá, para que os cosa a fin de que no me deis más hermanas ni hermanos.
[6] Ídem. P. 407.
[7] Ídem, P. 410.
[8]Sentido es la orientación respecto de mi posición, de lo que se desprende la relación del objeto con el mundo y los demás estos’. Orientación contingente, pura actualidad, ya que mañana o en un mismo instante, los objetos podrían dejar de estar a mi derecha, si cambio la orientación de mi cuerpo, por ejemplo. Sartre, Jean Paul. Ser y la nada. Editorial Losada, p 402.
[9] Ídem. P 436.


2 comentarios:

  1. ¿y usted que piensa deso-deso-menpus?

    ResponderSuprimir
  2. Si te refieres a lo que escribí, pienso que Sartre tiene algo de razón. Vemos a los otros como objetos por que se me presentan en medio del mundo, de la misma forma como se me presentan el resto de los objetos. Además que cuando uso un lápiz, por ejemplo, me adapto a él y pareciera que soy también, un objeto que manipula un objeto cuando lo uso, pero no lo soy, sólo me adapto a ello. Soy pura subjetividad por ser un punto de vista que no puede salir de mi mismo, por ser encarnada. Pero la ciencia, algunos partidos políticos, algunos análisis filosóficos nos siguen viendo o estudiando como si fuéramos cosas, pero somos existencias. Somos conciencias, yoes, personas. Si se nos ve como objeto ocurre lo que pasó en nuestro continente, cuando llegó lo más bajo de la raza europea y en su ignorancia creyeron que carecíamos de alma y nos trataron como trozos de madera o piedras y en ello se violó nuestros derechos, al modo en que lo describe Bartolomé las casas en su imagenería del teatro de l carne de la época [texto sangriento], como destrucción despiadada del cuerpo del otro, por ser lo otro, sin saber que yo soy tu, por que vivimos en el mismo mundo, que solo se hace posible por la existencia de todos.. blablabla. Pienso muchas cosas, pero es mejor hablarlas.

    ResponderSuprimir