La publico ya que me contaron que habían niños que no comprendieron lo que publiqué en la entrada anterior por que jamás han leído a Sartre o por que simplemente jamás aprendieron a leer un texto filosófico. Así que con el siguiente texto me hago cargo de su ignorancia y/o de su mala comprensión lectora, siendo que ambas características son superables con el ser autodidacta o con la práctica de la lectura. Lo hago desde mi más profundo ser profesora en la actualidad, lo cual espero olvidar lo más pronto posible, y desde mi deseo de poner en alto el pensamiento sartreano, por rescatar la subjetividad humana, la libertad, la responsabilidad, la existencia, el rol político del individuo (en otros textos), mi relación con los otros: nuestro ser-en-el-mundo, única realidad concreta, lo que somos aquí y ahora (algo que no solo hace Sartre, sino también su maestro intelectual Husserl y su querido amigo Merleau-ponty).
Espero ser de ayuda a quién le interese el tema.
Esta será la última entrada al respecto, ya que me dedicaré a las mal llamadas superficialidades estéticas: las entradas mundanas de Arte Activo.
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Somos todo lo que hacemos, la verdad está en todas nuestras actividades... ¿por que imponerle a los otros mi manera de pensar?¿Por que obligarlos a hacer lo que YO DEBO HACER? Yo creo en la libertad, entonces, si quiero que se hable de Sartre, YO HABLO DE SARTRE, si quiero cambios YO CAMBIO.
Eso aprendo a diario de mis maestros: Sócrates, Diógenes de Sínope, Sartre, RV y de la vida, y en aquel aprender le encuentro sentido al estudio del pensar de los otros, cuando en ellos hallo mi pensar o una clave para mi experiencia cotidiana.
KVMB
'Los niños piden, los hombres buscan'
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Diógenes de Sínope, autarquía vivida, caminaba entre los cuerpos de la polis con una lámpara en la mano a plena luz del día, diciendo ‘Busco un hombre’. Buscaba un hombre Diógenes, al modo de su existencia: un hombre que fuera conciente de su libertad y que viviera con la autonomía de quién gobierna sobre sí mismo1 , pero en la polis era difícil de hallar; el andar domeñado les quitaba a los ciudadanos la libertad del movimiento en la naturaleza vivida, en una ciudad que promovía una máscara social ante la naturalidad corpórea, disolviendo al cuerpo en idealismos2 . Pero aquella búsqueda de Diógenes no implicaba que no hubiera hombres libres, sólo les faltaba la luz que les ayudara a mirarse libres y no es cualquier luz la que habrá de quitar el velo, ya que la del día era inútil, a la luz de su acción.Es la luz de la razón la que los ha de guiar, luz que no esta en la cabeza de Diógenes, está en su mano, en frente de él, en y a partir de su propio cuerpo, apuntando hacia cada uno de los cuerpos que se le presentan. Es la luz del conocimiento que otorga la experiencia vivida a la conciencia, experiencia junto a otros, es la luz que está fuera, la que lleva mi cuerpo y va descubriendo en su actuar, la que me permite observar el mismo exterior con claridad y luego comprender lo inmanente en mi, y el cuerpo es el guía de la luz, pues él la sostiene en su mano, miembro de su conjunto físico vivido; entonces podemos decir que en nuestra existencia encarnada encontraremos la clave de nuestro ser autónomo como ser-en-el-mundo. La respuesta a esta anécdota considerada metáfora en este caso, está en la luz de la lámpara, el cuerpo [en este caso, representado por el de Diógenes] y los hombres que se admiran de su brillo en el día, pensando que lo normal es encenderla ante la oscuridad, sin percatarse que aún siguen en la oscuridad pese a la luz del sol, aquellos hombres representan nuestra actitud natural en lo cotidiano, una actitud no reflexiva acerca de lo experienciado, que busca lo que es adentro y no en el viaje cotidiano de fuera hacia adentro, desde lo otro hacia mi y viceversa.
Si el ser humano es libre – al modo en que lo busca Diógenes- si el ser humano es cuerpo, no es cuerpo y libertad sola, es-con. Esta junto a otros seres en lo que él llama su mundo, y es conciente de ellos cuando sale del solipsismo mental y deambula por las calles de la ciudad. En el deambular se encuentra con otros cuerpos que parecieran objetos por no ser él, pero una vez establecido el comercio comunicativo con ellos es posible el flujo íntersubjetivo de la conciencia, lo que permite hacer presente la subjetividad del otro, es decir, hacer presente en mi que el otro es también una subjetividad para-sí, al modo en que yo también lo soy3 , por medio de los actos comunicativos por ejemplo, inclusive por el mismo acto de ver
“[La visión] es el acto que me es dado para estar ausente de mi mismo, asistir desde adentro a la fisión del ser, al termino de la cual solamente me cierro en mi 4 ”
En mi mirada del otro, me ausento de mi mismo, contemplándolo, en primera instancia como un objeto, pero luego me percato que el ser que veo es -al modo en que lo plantea Merleau-Ponty, “El hombre es espejo para el hombre”-, espejo que me refleja, en la metamorfosis de lo vidente-visible que es la definición de nuestra carne y de su vocación5 . Por que yo también soy visible, en este acto entrelazado en el mundo del ver y verme, del veme tú y verte yo.
“El orden de los objetos del mundo nos devuelve perpetuamente la imagen de un objeto que, por principio, no puede ser objeto para nosotros puesto que es lo que tenemos de ser 6 ”
El otro, visto como objeto y los mismos objetos, son espejos de mi mismo, los cuales me devuelven el reflejo del ser vidente visible que soy, por ellos sé como me veo desde fuera y me es devuelto lo que lo otro tiene de mi.
Si viera a Diógenes, revelaría su cuerpo mi propia existencia, en el comercio comunicativo de su acción performática, donde sus movimientos me develarían su ser mundanal y su discurso, la autarquía de su existencia y también de la mía –como posibilidad7 de ser-.
Este cuerpo, al modo del mío, que deambula por la polis, percibe a los otros, en primera instancia, como cuerpos extraños, extranjeros que se introducen en un territorio considerado como propio, no como enemigos, sino como lo que yo no soy, y tal sería un sentido inicial para la anécdota de Diógenes, que ni con su lámpara lograba hallar hombres al modo en que él vive su cuerpo, lo cual se debe a que
“Hay algo ajeno, otro (fremd), por que hay algo (que es) propio y no al revés. El sentido ego es transferido desde mí hacia el Otro, si es que es verdad que el Otro es un alter ego”8
Es decir, no halla hombres pues en primera instancia y luego por su conducta, aquellos hombres se presentaban como ajenos ante su individualidad corporal, ante su cuerpo vivido desde dentro, pero ello no significa que estos Otros, estos no-yo no sean sujetos al modo en que yo lo soy, ya que como vimos más arriba: el otro es una posibilidad de mi ser, al darle -situándonos en lo que nos dice Ricoeur- desde mi, sentido al otro, transfiriéndole lo que tengo de sujeto, transformándose, éste que percibo ante mi, en un posible alter ego.
“[considero al cuerpo del otro como ajeno] Por el hecho de que yo mismo soy el centro corporal de un mundo primordial orientado alrededor de mi, lo que hace que mi cuerpo propio quede afectado con el índice del “aquí”, mientras que el cuerpo del otro, cuando aparece, está afectado, en mi mundo primordial, que será entonces el otro, ese cuerpo esté en el modo del aquí absoluto 9”
Este cuerpo me parece extraño por mirarlo desde mi punto de vista subjetivo, aquí, mientras el otro está afectado por el allí, aunque su cuerpo esté en el aquí absoluto desde su punto de vista corpóreo. El cuerpo extraño que penetra en mi espacio me causa sobresalto, pero luego hay una acomodación por medio del reconocimiento de este cuerpo, lo que provoca, en ocasiones, que deje de causarme extrañeza10 .
¿Qué nos causa desconfianza de este cuerpo extraño que penetra en nuestro espacio? En primera instancia es su parecer de cosa distinta de mi ser por verlo desde mi punto de vista carnal –entiéndase carnal como cuerpo vivido-, pero una ves mi conciencia le dona sentido en el reconocimiento de su presencia como otro cuerpo orgánico como yo, como otro para-sí, luego es el miedo a la cosificación, a que él me vea como cosa y pretenda utilizarme como un objeto, al modo en que yo lo vi en una primera mirada, pues la presencia del otro cuestiona mi estatus de sujeto. Objeto que si se apropia de él lo puede destruir, manipular, usar como un medio para conseguir fines personales, pasando por sobre mi ser existencia, creyendo que realmente puedo ser un objeto bajo su mirada cosificante. Sin embargo por ser cuerpo, no soy un mero objeto, soy su espejo, su otro yo o aquello que él no es, a partir de lo cual se va conociendo, soy inevitablemente parte de su ser, el lado del conocimiento de si mismo del cual sin mi carecería, por su ser-con, en el mundo.
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1 “Los hechos y los gestos cínicos expresan la necesidad de la soberanía singular: cada cuerpo humano debe llegar a ser un dios” Onfray, Michel. Cinismos. Retratos de los filósofos llamados perros. Editorial Paidós. México, año 2002. P. 74.
2 Diógenes de Sínope se dedicó a hacer caer una tras otra las máscaras de la vida civilizada y a poner a la hipocresía del idealismo señorial en boga, el cual separaba la existencia del pensar. En palabras de Sloterdijk en su Crítica de la razón cínica, tomo I. Editorial Taurus humanidades p 150.
3 A partir de mi propio cuerpo hay un deslizamiento de sentido hacia el cuerpo del otro (mi par fenoménico) al cual le otorgo, por asociación apareante, el sentido de cuerpo orgánico (al modo en que yo también lo soy), en el momento en que él penetra mi campo perceptivo. En este punto lo veo como cuerpo orgánico del otro, como otro yo, que sigue siendo cuerpo ajeno. El problema de la intersubjetividad trascendental en Husserl. P 205-209. Artículo de Alfred Schütz.
4 Merleau-Ponty, Maurice. El ojo y el espíritu. Editorial Paidos, Buenos Aires. Año 1986. P. 61.
5 Ídem, P 26-27.
6 Sartre, Jean Paul. Ser y la nada. Editorial Losada. P. 403.
7 Este yo extraño que es el otro, es la representación de mi propia posibilidad y no como una imagen de mi, sino al modo de la impatía: presencia del otro ante mi en concordancia conmigo, lo cual hace posible transferir dentro de mi al otro, como mi propia posibilidad de ser este otro que veo, por el hecho de ser con-él en el mundo. Husserl, Edmund en Husserliana XIV, pág. 187, año 1973, citado por Raúl Velozo Farías, La intersubjetividad en Husserl, en conferencia dictada en el departamento de filosofía de la Universidad de Chile.
8 Ricoeur, Paul. Husserl, an análisis of his phenomenology, Northwestern University Press, Illinois, 1967 P. 119. Citado por ídem.
9 El problema de la intersubjetividad trascendental en Husserl. P 205-209. Artículo de Alfred Schütz. P. 301
10 Pera, Cristóbal. Pensar desde el cuerpo. Ensayo sobre la corporeidad. Editorial Tricastela. Madrid, año 2006. P. 89-92
:O ser en el mundo es eso nomás? estar aquí y ahora?
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