La filosofía: una voz que falta
Hasta hace pocos días parecía improbable que un Congreso Nacional de Filosofía en Chile pudiera tener un éxito tan notable en términos de cantidad y calidad de las ponencias -se presentaron más de 180 trabajos- y con una asistencia masiva de estudiantes de todo el país, en un evento que se prolongó durante cuatro días en la acogedora Biblioteca de Santiago de calle Matucana.
Fue un encuentro necesario después de diez años desde el último congreso de la especialidad y luego de tantos años de una convivencia fracturada por razones ideológicas y políticas que significaron y han significado años de marginación para investigadores y profesores de primer nivel.
Entre los temas de las ponencias, puede destacarse algunos que permiten avizorar la contribución que la reflexión filosófica puede hacer al país y que están entre los más recurrentes : la justicia intercultural; el análisis filosófico y político de la educación; los fundamentos de los derechos humanos; la identidad latinoamericana y la globalización; la relación entre ética y economía; entre muchos otros temas nos hablan de la gran diversidad y de la fuerza que tiene el cultivo de la filosofía en Chile.
Las expectativas que despierta este congreso son muchas. Una de las principales, me parece, es la de constituir una comunidad filosófica con fuerza, pluralista – se ha hablado de una Asociación Nacional de Filosofía- capaz de ser una interlocutora válida en todos los temas que tengan que ver con la presencia de la filosofía en las instituciones escolares, en las pruebas de admisión a las universidades, en las universidades, a nivel de las instituciones que financian investigación en Chile.
Una capacidad de convocatoria como la del congreso, que atrajo también durante cuatro días a muchas personas interesadas sin formación en la disciplina, a estudiantes de otras carreras universitarias y a estudiantes secundarios constituye un claro desmentido para quienes creen que se debiera disminuir la presencia de la filosofía en la educación secundaria, de adultos o en la formación técnica. Y refuerza, por otra parte, la idea de que si queremos en Chile una educación comprometida con la libertad, una educación democrática, tiene que abrirse mucho más espacio a los saberes no funcionales, a los saberes críticos como la filosofía.
Lo que este encuentro muestra es que se construye una comunidad académica pluralista, abierta a todas las orientaciones ideológicas y políticas y a todas las escuelas filosóficas, que suelen ser casi tan excluyentes como la propia política. Este pluralismo, afortunadamente, formó parte de lo implícito en el congreso y esperamos que sea también el sello de la futura Asociación. Se trata de seguir haciendo posible encuentros académicos periódicos de todos los filósofos chilenos, con plena apertura para todas las líneas de trabajo y para todas las escuelas de pensamiento, con el único requisito de que los escritos presentados cumplan con las exigencias del rigor académico.
Por último, es de plena justicia reconocer que en gran medida el éxito de este evento se debe al trabajo serio y dedicado de su comisión organizadora, y de manera especial de Claudia Muñoz de la Universidad de Concepción, Eduardo Fernandois de la Universidad Católica y Wilfredo Quezada de la Universidad de Santiago. Este Congreso ha sido, a mi juicio, un hito decisivo y fundamental en el camino de ir reponiendo a la filosofía como una voz reflexiva, crítica y gravitante en nuestro país. //
Carlos Ruiz
Director Departamento de Filosofía Universidad de Chile
Fuente: LaNación
Cierre del congreso

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